




Teresa Pigrau. Neus Sanmartí
La planificación de una UD también depende de «a quién» va dirigida y esto condiciona el orden y el grado de profundización en el que se presentan las ideas y se diseñan las actividades. El aprendizaje de los contenidos deberá plantearse de manera progresiva, a partir de un camino en el que se van identificando unas metas concretas que se quiere que el alumnado vaya alcanzando.
Este proceso conlleva que el alumnado articule versiones del modelo teórico objeto de estudio cada vez más complejas y coherentes con el de los científicos, sin perder de vista que la finalidad es explicar los fenómenos que lo rodean y actuar, fundamentando la toma de decisiones en el conocimiento y los valores asociados.
Caminos para llegar al objetivo que nos proponemos hay muchos posibles y dependen de:

El punto de partida de los niños y niñas

Los contenidos del modelo a aprender para que posibiliten enlazar con aquello que se sabe y faciliten el paso siguiente en el proceso de modelización

El nivel de la demanda cognitiva asociada a las diferentes habilidades de pensamiento a aplicar en la realización de las tareas incluidas en la UD y a las dificultades de cambio de las ideas previas.
Actualmente se está investigando cuál de los caminos posibles de presentación de los contenidos puede ser el más idóneo para la construcción de las grandes ideas de la ciencia. Se sabe mucho sobre los puntos de partida y también sobre qué se quiere que el alumnado aprenda, pero en cambio se sabe mucho menos sobre las ideas que conforman los estadios intermedios. Es habitual enseñar una misma idea de manera muy similar a niveles educativos diversos, sin que se logre un buen aprendizaje.
Las últimas propuestas curriculares que se hacen a nivel mundial parten de plantear hipótesis de progresión del aprendizaje en relación a un gran concepto científico básico, hipótesis que que se están validando. Estas hipótesis explicitan ideas que conforman formas de pensar, de hacer, de hablar y de sentir sucesivamente más sofisticadas, su ramificación y las conexiones entre ellas e, incluso, con las ideas de otros grandes conceptos. Esta secuencia de ideas se pretende que posibilite la emergencia, construcción, representación, uso y/o revisión del concepto en estadios sucesivos, de forma que en cada uno de ellos el conocimiento aprendido tenga sentido.
En este documento los grandes conceptos científicos básicos se corresponden con los modelos teóricos seleccionados, y se hace una propuesta curricular de progresión en diferentes estadios a lo largo de la enseñanza básica.

Teresa Pigrau i Neus Sanmartí
El diseño de una UD también conlleva tomar decisiones sobre «qué enseñar» o contenidos. Estos contenidos deben relacionarse con el objetivo competencial general (disponer de argumentos para justificar actuaciones), y debe ser central o clave en la construcción del pensamiento científico del alumnado.
Comporta trabajar pocas pero grandes ideas o modelos teóricos generales que se puedan aplicar para interpretar situaciones muy diversas. Y en el marco del proceso de apropiación de las ideas también habrá que aprender sobre cómo se genera la ciencia (su metodología) y los valores, actitudes y emociones asociados al nuevo conocimiento y en la actuación.
Teresa Pigrau. Neus Sanmartí



En el momento actual, la finalidad o el «para qué» se relaciona, como se ha dicho, con la visión competencial del currículo, es decir, con el desarrollo de la capacidad para actuar en un contexto socialmente relevante y aplicando conocimientos significativos . Por lo tanto la finalidad de la enseñanza de las ciencias va más allá de sólo recordar, identificar o definir, ya que el alumnado deberá posicionarse en situaciones concretas a partir de movilizar de manera interrelacionada saberes muy diversos.
Este «para qué» nos marca el objetivo o competencia científica global que se querría que el alumnado lograra a partir de la realización de diferentes actividades de aprendizaje, y se relaciona con la toma de decisiones, el análisis crítico, el argumentación, la evaluación y, en general, la actuación en el marco de contextos o situaciones a menudo socialmente controvertidas (de educación ambiental, para la salud, tecnológicas y de ciudadanía en general). También hay que remarcar que el objetivo de aprendizaje debe incluir la transferencia de conocimientos, a fin de que el alumnado sea capaz de actuar en otras situaciones distintas a las analizadas en el contexto seleccionado para aprender.


Teresa Pigrau, Neus Sanmartí
El aprendizaje de la ciencia requiere la aplicación de una diversidad de actividades que se interrelacionan entre ellas en el marco de lo que llamamos «actividad científica escolar» (ACE), en la que influyen todas las variables que condicionan cualquier producción humana . Habitualmente se enseña la ciencia pensando que es sólo un conocimiento a traspasar, cuando sobretodo hay que considerarla una actividad humana (que incluye el conocimiento pero también otros saberes, como son los relacionados con la forma en que la ciencia se genera, los valores asociados, la experiencia o los sentimientos). Se considera que los humanos, para satisfacer sus necesidades, se relacionan con el medio mediante las actividades que desarrollan.
¿Qué caracteriza la actividad científica escolar?
La actividad científica en la escuela se da en relación a un contexto o hecho más o menos problemático, pero siempre estimulante para el que aprende, y que lleva a plantear alguna pregunta. Para darle respuesta es necesario interrelacionar el «pensar» (en base a modelos teóricos y aplicando estrategias de razo-namiento cada vez más complejas), el «hacer o experimentar» (a partir de aplicar metodologías propias del trabajo científico que posibiliten identificar pruebas que validen o no las predicciones e hipótesis), el «comunicar» (utilizando diferentes lenguajes y modos comunicativos para expresar ideas y procesos, debatirlos y consensuarlos), y lo que llamamos «sentir / ser» (que conlleva poner en juego los propios sentimientos, emociones y valores y, también, las capacidades que posibilitan tanto el trabajo autónomo como con los demás).

En resumen, llevar a cabo una actividad científica escolar implica plantear retos interesantes para el alumnado con el fin de enseñarle a mirar y a pensar utilizando modelos teóricos reconocidos por la comunidad científica, ayudándole a regular sus ideas iniciales paulatinamente a partir, tanto de pruebas obtenidas experimentalmente o en fuentes de información diversas, como de argumentos generados en discutirlas con los demás. Comporta expresar emociones y controlarlas positivamente, aplicar estrategias de razonamiento de orden superior (analizar, sintetizar, evaluar …), utilizar un lenguaje cada vez más elaborado y cercano al normativo, discutir con respeto las ideas propias y las de los demás , criticar opciones creando y proponiendo alternativas, y adquirir confianza en las propias capacidades de pensamiento, de acción y de comunicación.

Teresa Pigrau, Neus Sanmartí
La competencia científica se definió inicialmente desde el proyecto de evaluación PISA como: «la capacidad para utilizar el conocimiento científico para identificar preguntas y obtener conclusiones a partir de evidencias, con el fin de comprender y ayudar a tomar decisiones sobre el mundo natural y los cambios que la actividad humana produce» (OCDEPISA, 2000).
De esta definición se deduce que conlleva disponer de conocimientos, pero no tanto con el fin de repetirlos sino con el de saber utilizarlos para actuar, y se hace hincapié en el planteamiento de preguntas y en la identificación de pruebas y razones que fundamenten la toma de decisiones. Este es el objetivo de lo que se denomina «alfabetización científica«.

En la última definición (PISA, 2015) especifica que:
«La competencia científica es la capacidad que tiene un ciudadano reflexivo para involucrarse en cuestiones relacionadas con la ciencia y con las ideas de la ciencia. «
Se considera que una persona con conocimientos científicos básicos estará dispuesta a participar en el discurso razonado sobre la ciencia y la tecnología, lo que implica ser competente en:
La ciencia evoluciona constantemente y las personas aprendemos nuevos conocimientos científicos a lo largo de la vida. La mayoría de ciudadanos, en las etapas post-escolares, no los adquirirán a partir de realizar investigaciones sino a través de la utilización de recursos como bibliotecas e Internet y, por tanto, la alfabetización científica que han asimilado en la escuela debería de posibilitarles poder valorar si el conocimiento que impregna muchas de las informaciones que llegan a partir de los medios de comunicación se han obtenido utilizando los procedimientos apropiados y si están bien justificadas.
Por consiguiente, la competencia científica va asociada al desarrollo del pensamiento crítico y de la toma de decisiones fundamentadas en la ciencia en relación a temáticas de la vida cotidiana, como la salud, el medio ambiente, el uso de la tecnología, etc.